Con una gran asistencia se realizó el pasado martes 11 de agosto la charla en torno a Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV. El encuentro nos permitió reflexionar y dialogar sobre los desafíos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y la necesidad de orientar sus avances al servicio de la persona y su dignidad.
La exposición estuvo a cargo de Paula Schmidt, presidenta de Radio María, de la Fundación Manos al Barrio y consejera de USEC. Fue profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes. Cuenta con un postítulo en Comunicación de Duke University y un Magíster en Psicología Educacional de la Universidad de los Andes.
Uno de los temas centrales fue la diferencia fundamental entre la inteligencia artificial y la persona humana. Una máquina puede procesar grandes cantidades de datos, reconocer patrones y entregar respuestas, pero carece de experiencia, libertad, conciencia moral y responsabilidad. “La persona es inteligencia, más cuerpo, más experiencia”, destacó la charlista.
La conversación también abordó algunos riesgos asociados al uso de estas tecnologías, como la pérdida del pensamiento crítico, la desinformación, los algoritmos poco transparentes y nuevas formas de exclusión. En este sentido, se llamó a evitar la búsqueda permanente de “respuestas inmediatas, en lugar de atravesar procesos de reflexión”, ya que una dependencia excesiva de estas herramientas puede debilitar capacidades profundamente humanas como la creatividad y el juicio personal.
Frente a estos desafíos, la Doctrina Social de la Iglesia ofrece criterios plenamente actuales para discernir y actuar. Principios como el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia social y el destino universal de los bienes nos recuerdan que vivimos en comunidad y que nuestras decisiones tienen consecuencias sobre los demás: “Lo que yo hago impacta al otro”, afirmó Paula.
La charla nos invitó a conocer la inteligencia artificial, hacernos responsables de su uso y discernir cuándo realmente nos ayuda. En este punto se nos llamó a recordar que: “La fe se propaga a través del testimonio, el testimonio de cada uno de nosotros”. Como cristianos, estamos llamados también a dar ejemplo frente a las nuevas generaciones en nuestra manera de utilizar estas herramientas, reconociendo sus beneficios y siendo conscientes de sus riesgos.
El encuentro concluyó con el desafío que tenemos como católicos frente a esta nueva realidad de “poner la tecnología al servicio de la dignidad humana y del bien común”.
La invitación que nos queda es preguntarnos qué tipo de humanidad queremos construir en esta nueva era tecnológica.
